Los contratos de futuros son acuerdos estandarizados para comprar o vender un activo en una fecha futura específica y a un precio determinado. Estos contratos se negocian en mercados organizados y pueden referirse a activos como divisas, materias primas, índices bursátiles, bonos o tipos de interés.
Los futuros permiten tanto la cobertura (hedging) ante movimientos de precios como la especulación buscando beneficios por cambios en los valores de mercado.
El origen de los contratos de futuros se remonta a mercados agrícolas como el de Osaka, Japón, en el siglo XVIII. Sin embargo, su expansión moderna comenzó en el siglo XIX con el Chicago Board of Trade (CBOT), donde se ofrecían futuros sobre trigo y maíz.
Con el tiempo, los futuros evolucionaron hasta incluir activos financieros, dando lugar a los llamados futuros financieros, como los de índices, tipos de cambio y tasas de interés.
Los contratos de futuros se negocian en bolsas organizadas que proporcionan liquidez, estandarización y garantías para ambas partes. Algunos de los mercados más importantes son:
Estos mercados están regulados y actúan como cámaras de compensación, lo que reduce el riesgo de contraparte.
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